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La Iglesia como Contracultura
El cambio de la sociedad comienza con un cambio a los Cristianos. por Jason Overman
¿Qes una cultura? En estos días, significa la sociedad en general – las creencias, valores, y prácticas de un pueblo en particular en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Las palabras cultura y cultivar están relacionadas: Así como los granjeros cultivan las cosechas en sus campos, de igual manera la cultura sugiere el crecimiento de la gente en un reino que tiene el poder para influir el carácter de aquellos que están plantados allí.
Es por ello que la palabra cultura se usa tanto estos días. Si la gente es el producto de su cultura, entonces debemos interesarnos en qué tipo de cultura tenemos. A muchos, en los medios de comunicación y en el púlpito les gusta llamar la batalla en proceso sobre la forma de vida Estadounidense “las guerras de las culturas.”
Otro término que describe nuestra situación aún mejor es el multiculturalismo. La cultura Estadounidense no es simple, uniforme, o fácilmente dirigida, sino que es un organismo complicado y extenso, compuesto de muchas culturas, cada una adoptando diversos y competitivos valores y prácticas.
La pregunta que nosotros debemos hacer, una de importancia crítica para nuestra juventud, es simplemente qué significa ser un Cristiano en una cultura como la nuestra. Una vez se presumió que la cultura Estadounidense era Cristiana por definición, que era suficiente representar y avanzar valores Judeo-cristianos a lo largo de la sociedad, y cultivar una ciudadanía santa.
Si estas suposiciones alguna vez fueron ciertas, ya no lo son. Los Cristianos ahora se dan cuenta como nunca antes que más bien que ser un aliado confiado y amistoso en nuestra búsqueda para cultivar ciudadanos virtuosos, esta cultura está, en un modo inaudito, haciendo simplemente lo opuesto.
Tan importante como es preguntar cómo la iglesia puede influir una cultura como la nuestra, primero debe hacerse una pregunta más fundamental: ¿No debe la iglesia misma ser una cultura en sí? Si la iglesia debiera ser una influencia positiva en un mundo multicultural, entonces triunfará sólo en la medida que sea capaz de cultivar sus propios ciudadanos virtuosos. No podemos continuar en la noción mal-orientada de que la sociedad secular será, o debería ser el agente primario en hacer lo que la iglesia en sí es llamada a ser y hacer en el mundo. Si la iglesia puede formar el carácter y hábitos de los Cristianos para que ellos puedan resistir las poderosas presiones corrosivas de la cultura Estadounidense, entonces estaremos en una posición de influir genuinamente la cultura circundante.
Iglesia disminuida
Un problema grande para muchos Cristianos hoy es que ellos no pueden captar la idea de que la iglesia sea una cultura, mucho menos un contracultura. La mayoría de Cristianos han sido entrenados por el mundo moderno para pensar de la iglesia como un compartimiento pequeño dentro de la cultura. Ellos piensan que la cultura se preocupa del mundo verdadero, mientras que la religión trata de salvar almas y hacer que la gente vaya al cielo.
En este escenario, la iglesia es mayormente irrelevante a temas de la vida verdadera como la política, la educación, la medicina, los artes, la economía, y la diversión; ésta se relega meramente a la opinión “privada” y “personal” del individuo. El triste resultado de esta filosofía moderna es que la iglesia se minimiza a “ser” a un “edificio.” Es un lugar al cual vamos, y no algo que nosotros somos.
Cuando leemos la Escritura nuevamente, sin embargo, comenzamos a recobrar la idea de iglesia como una cultura llamada fuera de las culturas mundanas a fin de testificar la verdadera cultura de Dios. La historia de Abraham, por ejemplo, comienza siendo llamado a abandonar su antigua manera de vivir para venir a ser el padre de los fieles. Él habría de ser una bendición al mundo entero, pero él tenía que salir a fin de bendecir. Abraham sale – no solo, sino con su familia (Génesis 12). Note que la fe de Abraham es personal, pero a la vez más que personal. Desde ese momento en adelante, la fe bíblica nace siempre y es sostenida dentro de la comunidad.
Luego, también Israel es llamado a salir. El Éxodo menciona la historia de cómo Yahweh es el Dios de un pueblo destinado a ser una nación santa. Pero si ella ha de seguir a Dios y ser un “pueblo peculiar,” un “reino de sacerdotes,” entonces no puede permanecer en Egipto (Éxodo 12—19). En el desierto, este Israel redimido recibe el mandamiento. Ellos aprenden que cada aspecto de su vida debe ser ordenado por la voluntad de Dios – no en privado, sino como una manera públicamente personificada de vivir en el mundo.
Una comunidad llamada
Israel no es un sistema nuevo de salvación personal, sino una comunidad nueva cuya existencia misma testifica el pleno alcance de la salvación de Dios. Israel no es una religión; es una nación. Al someterse a Dios, viene a ser un pueblo capaz de resistir las culturas de Egipto (su pasado), y de Canaán (su futuro) a fin de ser una cultura propia (Levítico 18).
El mismo lenguaje que describe a Israel en el antiguo Testamento se usa para describir la iglesia en el Nuevo. Nosotros también somos “gente santa,” “un pueblo adquirido,” un “reino de sacerdotes” (Éxodo 19:6; 1ª Pedro 2:9). Así como Abraham e Israel, también la iglesia es llamada a salir del mundo, a fin de ser gente competente para guiarlo.
La palabra iglesia originalmente se refirió a una asamblea reunida para discutir el negocio de una ciudad. En otras palabras, iglesia en su contexto Griego no era realmente una palabra religiosa, sino política. Iglesia no es la única palabra del Nuevo Testamento usada para transmitir las dimensiones sociales del pueblo de Dios. Nos hemos olvidado cuán completamente políticas, palabras como reino o evangelio o aun adoración sonaban a los oídos de esa primera generación. Estas palabras han perdido su carácter público y social al pasar del tiempo, y ahora tristemente se han domesticado.
Recuperando la cultura
Ambos como testigo y anticipo del reino venidero de Dios, la iglesia es un fenómeno cultural, una realidad social reunida y ordenada alrededor del señorío del crucificado y resucitado Cristo. Esta comunidad moldeada en la cruz no simplemente provee una nueva manera de pensar o creer para las personas, sino es de hecho una manera nueva de ser en el mundo.
El Sermón del Monte de Jesús es un buen lugar para comenzar a recuperar el tipo de cultura que Dios tiene en mente para Su pueblo. Aquí encontramos la política de Jesús y el camino de Su reino (Mateo 5 7). Para vivir con precisión este mensaje, nosotros debemos llegar a ser lo que el apóstol Pablo llamó “transformados no conformistas” en el mundo, a fin de alcanzarlo (Romanos 12:2).
La pregunta ¿qué significa ser Cristiano en una cultura como la nuestra? debe comenzar admitiendo que nosotros ya somos ciudadanos de otro reino, “una ciudad en una colina,” una cultura destinada a cultivarnos a ser la gente capaz de resistir, enfrentar, y transformar la cultura a nuestro alrededor. ¿Pero qué si esta ciudad ha olvidado que es ella? ¿Qué significaría para nosotros volver a descubrir, restaurar, y reconstruir?
Estas son preguntas interesantes. ¿Podemos desistir de nuestros intereses personales lo suficiente para someternos y ser responsables al pueblo de Dios? ¿Podemos dejar nuestras suposiciones privadas lo suficiente para volver a pensar en cómo se vería una fe pública? ¿Podemos reunirnos e imaginarnos como sería “una ciudad en una colina,” una “nación santa,” una cultura una vez más?
Jason Overman vive y ministra en Jaspe AR, con su esposa, Stephanie, y sus dos hijos, Tabitha e Isaac.
Foto: comstock.com
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