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Primera Palabra
Sonría en la Tormenta
Los vientos fríos del secularismo, escepticismo, pecado, y muerte soplan fuerte en nuestros días. Esta “tormenta perfecta” trata de desviar la barca de la fe en brutales rocas puntiagudas de agnosticismo, y aun ateísmo. Para muchos, confiar en el Dios de la Biblia está puesto a prueba mucho más que antes.
Un amigo me envió un mensaje electrónico con esta preocupación: Él había oído (nada menos que en la radio) un informe que otro ministro de la CoG7 y yo ya no respaldamos la verdad de la Biblia sobre Cristo, que “pensamos que todo es mentira.”
Permítame explicar porqué alguien pudo haber pensado eso. Hace dos años, la muerte prematura de un amigo cercano y co-siervo, me sorprendió hasta lo más profundo de mi ser dejándome cicatrices en la superficie. Yo escribí sobre mi recuperación parcial en este espacio el marzo pasado, muy consciente que muchos lectores han pasado por momentos mucho más peores – y con menos trauma del alma.
Aunque admito ser un adicto en recuperación al porqué y por lo cual de las maneras de Dios con el hombre, aún así le aseguré a mi amigo que he resuelto permanecer siendo un seguidor de Jesús y morir en esta fe al final. Ayúdame, Señor.
Permanecer a flote en la tormenta significa que necesitamos encuentros divinos nuevos que nos mantengan anclados y orientados hacia el Puerto del Reino. En una clase de Escuela Sabática sobre el tabernáculo en el Valle de Río Grande, pregunté “¿Cuál es su lugar santísimo – ese lugar terrenal en el cual Dios se acerca más, o donde usted va para encontrarse con Él regularmente?”
Varios estudiantes mencionaron la iglesia; otros, su almohada o un automóvil, un lecho de hospital – hasta dando a luz. Más de uno allí relató historias de prueba o enfermedad severa.
Uno me preguntó cuál sería mi respuesta. Para mí, Dios susurra fuerte en Su Palabra; mediante Su pueblo – el amor, la aceptación, y el perdón mostrado por otros peregrinos; y al aire libre, en cualquier sendero de la naturaleza. Encontrarse con el Dios del cielo frecuentemente sucede en manera muy terrenales.
Al leer el Libro, en nuestra comunión mutua, y en docenas o cien lugares cada semana, sentimos nuevamente que Dios es fiel aun cuando somos menos fieles de lo que esperamos (2ª Timoteo 2:13). Nuestra esperanza es que los artículos en este AB, así como aquellos en oración (pp. 4-6, 8-9), les ayudarán a seguir confiando en el Cristo que señorea sobre el viento y marea.
Los vendavales persisten. Los torrentes enfurecen. El daño colateral aparece. Un hombre cae en la mar. La tempestad puede empeorar antes de finalmente cesar. No tema: El grandioso viejo buque de la fe sigue firme. ¡Nuestra Ancla es firme!
— Calvin Burrell
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